Ansiedad y depresión

Vivir con ansiedad no es vivir, es sobrevivir


Vivir con ansiedad es ir a la deriva. Es limitarnos a existir en ‘modo supervivencia’, dejándonos llevar por la inercia de ese día a día donde las cosas nos golpean sin saber cómo reaccionar, donde mirar el mundo desde un cristal opaco y frío a través del cual, nada parece tener significado y aún menos belleza.

Señala Paul Ekman, uno de los psicólogos más destacados en el campo de las emociones, que quien vive con ansiedad tiene un exceso de ruido en su mente. Es tan intenso el rumor de sus propios pensamientos, que uno es incapaz de atender qué pasa a su alrededor. De ahí el sufrimiento, de ahí el desconcierto.

Por otro lado, hay un aspecto que debemos tener claro. Aunque hablemos de la ansiedad en términos generales, cabe señalar que es una dimensión poliédrica. Tiene muchas caras y cada persona la vive además de una manera particular. Hay fobias, hay quien vive con ansiedad generalizada, hay quien sufre ansiedad social y quienes experimentan la angustia más aterradora contenida en los ataques de ansiedad.

Incluso cuando las cosas son a simple vista maravillosas, siempre tengo la sensación de que va a pasar algo horrible…

Vivir con ansiedad no es vivir, es sobrevivir

Vivir con ansiedad ¿cómo es?

Vivir con ansiedad es algo que caracteriza a miles de personas en todo el mundo. No estás solo por tanto, sin embargo, tu realidad es única y de algún modo, sí experimentas soledad, sí te percibes incomprendido y desconectado de quienes te rodean.

De este modo, algo que debemos tener en cuenta es lo que nos señalan los expertos Cramer V, Torgersen S , Kringlen E. a través de un estudio llevado a cabo en la Universidad de Oslo, Noruega: la calidad de vida de quienes arrastran un trastorno de ansiedad durante más de 6 meses es muy debilitante. A ello, hay que añadirle otro hecho, más del 35% de las personas que la sufren no piden ayuda. Con lo cual, tenemos a una buena parte de la población arrastrando esta realidad psicológica durante años o décadas.

Veamos por tanto qué características definen a esas personas acostumbradas a vivir con ansiedad.

Mi ansiedad, una cárcel con muchos barrotes 

La ansiedad edifica una cárcel mental que se traduce no solo en sufrimiento, sino también en una amplia sintomatología. Es la siguiente:

Síntomas psicológicos

Síntomas físicos

  • Agotamiento.
  • Rigidez muscular, dolor de cuello y de espalda.
  • Problemas digestivos.
  • Insomnio.
  • Hipersensibilidad: cualquier estímulo nos molesta y nos pone en alerta.
  • Taquicardias.
  • Sensación de ahogo.

Vivir con ansiedad no es vivir, es sobrevivir

La ansiedad secundaria, el efecto colateral de la angustia permanente 

Vivir en modo de supervivencia implica en cierto modo, que nos hemos habituado a que la ansiedad sea esa compañera de viaje constante. Es como haberle dado a una persona las llaves de nuestro coche para que nos lleve por donde ella desee. Nosotros no tenemos el control de nada, estamos cautivos de lo que esa otra figura quiera y desee.

Algo así hace que vivamos con angustia, incertidumbre y miedo. De este modo, un dato que debemos saber es que la ansiedad no surge de un dia para otro. En ocasiones, la llevamos acumulando a lo largo de toda nuestra vida. No obstante, sus primeros síntomas aparecen en la adolescencia, siendo ya más acusados en la madurez.

La ansiedad secundaria surge cuando finalmente, uno es consciente de que ya no tiene control sobre su propia vida. Ese sufrimiento, acaba generando tarde o temprano la aparición de un ataque de pánico. Entonces, el miedo a que volver a experimentar un nuevo ataque intensifica el ciclo del sufrimiento.

La ansiedad secundaria es miedo al miedo, es el temor a experimentar los propios síntomas relacionados con la ansiedad, como los ataques de pánico.

¿Qué técnicas existen para manejar y aliviar mi ansiedad?

Vivir con ansiedad es existir en una prisión situada en una elevada montaña donde sentirnos solos, aislados, y con la temible sensación de que estamos a punto de caer en un vacío. ¿Es posible salir entonces de este tipo de situaciones psicológicas tan adversas?

La respuesta es ‘sí’. Todos tenemos valiosos recursos para lograrlo, pero necesitamos eso sí, compromiso con nosotros mismos y seguir las siguientes pautas.

Claves para reducir tu ansiedad

  • Cuida tu diálogo interno. Lo que te dices a ti mismo te define, háblate con respeto y afecto.
  • No anticipes, no vaticines el futuro. No tienes una bola de cristal para saber qué va a pasar mañana, así que entrena a tu mente para que se centre en el aquí y ahora. El ayer ya no está y el futuro aún no existe.
  • Desactiva pensamientos del tipo ¿qué pasaría si…? esto seguro que va a salir mal, no lo voy a lograr, voy a fallar, no sirvo para esto, todo me supera, etc.
  • Aprende a tolerar la incertidumbre. No puedes controlarlo todo, el mundo tiene sus pautas, su caos, sus momentos de espera… Céntrate en el aquí y ahora, baja el ritmo, dile a tu mente que deje de producir pensamientos basura, de esos que no sirven para nada y que intensifican tu preocupación.
  • Practica la respiración profunda.
  • Entrénate en el Mindfulness.
  • Clarifica tus prioridades diarias, ponte objetivos cada día y sitúa en todas tus jornadas adecuados tiempos de descanso.
  • Nútrete. Hazlo en todos los sentidos: practica aficiones que te gusten, rodéate de las personas que te sacan una sonrisa, relájate con un paseo, un baño, pasea, conecta con la naturaleza…
  • Encuentra un canal donde expresar y volcar tu ansiedad: el arte, el deporte…

Vivir con ansiedad no es vivir, es limitarnos a existir en modo supervivencia. Atrévete a cambiar tu diálogo interno, ofrécete lo que mereces cuando lo necesitas, aprecia el aquí y ahora y dile a tu mente que deje de pensar en ese futuro que aún no ha sucedido. Nútrete, mereces calma y bienestar.

Bibliografía

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