Ansiedad y depresión

Ira y depresión: cuando quedamos atrapados en la cárcel de la decepción


Ira y depresión guardan una relación tan íntima como sorprendente. El propio Sigmund Freud ya dijo en su día que cuando el ser humano lleva hacia dentro sus sentimientos de decepción, ira, frustración y desánimo, todos esos agujeros negros acaban conformando el universo de la depresión.

Queda claro sin duda, que cada persona vive de un modo único y excepcional este trastorno depresivo tan diverso como poliédrico. Hay múltiples causas por las que podemos derivar en este tipo de condiciones clínicas. Hay factores genéticos, sociales y ambientales. Sin embargo, hay algo evidente que deberíamos tener muy en cuenta.

A menudo, las personas arrastramos la marca de múltiples experiencias que van dejando mella en nuestro enfoque mental y también en nuestro cerebro. Así, cuando hablamos de la ira o de la rabia es común imaginarnos a una persona llevada por la cólera y por esos enfados casi explosivos que tan malas consecuencias acaban teniendo.

Sin embargo, cabe señalar que por término medio, muchos de nosotros no conocemos con autenticidad cómo es la anatomía de la ira. Es más, en casi el 80% de los casos esta emoción no se expresa; se engulle. De este modo, a medida que uno esconde sus enfados, decepciones, injusticias y contradicciones vividas, se inocula a sí mismo un veneno con evidentes consecuencias.

Al final llega ese día en que la mente se vuelve cautiva del sufrimiento. Un día donde todo se enlentece, el mundo pierde su sentido y todo se nubla con el vapor de la negatividad y la desesperanza. ¿La razón? El origen está en un conglomerado de emociones mal manejadas.

Ira y depresión: cuando quedamos atrapados en la cárcel de la decepción

Ira y depresión, cuando acabas acumulando un exceso de decepciones

Ira y depresión presentan una relación más que evidente. Fue en el 2013 cuando los doctores Rudy Abi-Habiba, Patrick Luytenab, de la Universidad de Leuven, en Bélgica, realizaron un estudio que reveló datos muy interesantes.

  • La ira inhibida, la que uno esconde al experimentar una injusticia o una decepción, puede derivar en una depresión.
  • Ahora bien, esto no ocurre en todos los casos. Depende mucho de la personalidad del paciente, y sobre todo, de su diálogo interno, del papel de la regulación de las emociones y su sentido de autocrítica. 
  • Hay personas que no solo tienden a esconder o disimular el peso de esas frustraciones y experiencias vividas donde asoma la rabia y la ira. Además, añaden otro factor: la desesperación por no saber cómo reaccionar. El hecho de no manejar de manera efectiva esas situaciones que interpretan como injustas, también acaba afectando a su autoestima.

Ira y depresión se relacionan porque a menudo, canalizamos esa emoción negativa hacia el interior. La dejamos ahí durante meses y años. Además, el hecho de no saber qué hacer en esos momentos donde nos sentimos vulnerados, acaba afectando a nuestro amor propio e identidad.

La ira, esa emoción tan desconocida

El psicólogo Les Greenberg, fundador de la terapia centrada en emociones, nos señala que gran parte de la población desconoce por completo qué es la ira. Para entenderlo de forma sencilla: la ira es como es como es pátina de pintura que al retirarla levemente, aparece nos muestra una imagen bajo la misma. Y lo que surge bajo la ira es casi siempre tristeza.

  • Cuando las personas experimentamos rabia es porque se vulnera alguno de nuestros derechos. También, porque nos sentimos dolidos ante un hecho externo, ante una injustifica, una mentira, una agresión,  una pérdida, una traición, etc.
  • Experimentamos tristeza, angustia, enfado, miedo y frustración. Todos esos ingredientes juntos originan el sabor de esa ira silenciosa.
  • El doctor Greenberg nos indica la importancia de diferenciar la ira adaptativa de la ira no adaptativa.
  • La ira es una respuesta adaptativa es casi siempre positiva porque nos anima a generar una respuesta ante un hecho concreto. Un ejemplo, cuando alguien nos agobia con su comportamiento nos defendemos y le decimos de manera asertiva, que aquello que está haciendo no es correcto ni permisible.
  • Lo positivo de la ira es que la única emoción que usada de manera adecuada, genera una acción que puede promover cambios adecuados. Si algo te molesta reaccionas. Si algo te hace daño te defiendes. Este tipo de comportamientos equilibrados y asertivos mejoran nuestro bienestar.
  • Ahora bien, la ira desadaptativa es la que genera respuestas disfuncionales. Es la que hace que reaccionemos de manera desmedida (con violencia) o que optemos por la inacción (engullendo lo que nos duele o molesta).

Ira y depresión: cuando quedamos atrapados en la cárcel de la decepción

¿Cómo podemos manejar la ira?

Sabemos que ira y depresión guardan una íntima relación. ¿De qué manera podemos entonces canalizar o usar a nuestro favor esta emoción para evitar caer en ese acantilado de sufrimiento? Queda claro que no todos tenemos un adecuado rodaje en el mundo de la gestión emocional, cuesta adquirir estas competencias y además, se necesita cierto tiempo para aplicarlas de manera efectiva.

No obstante, el primer paso es tomar conciencia de algo básico: las emociones están ahí por una razón. Toda emoción sentida requiere una reflexión y una conducta. Veamos por tanto qué nos pide la ira.

Validar la ira, si la sientes acéptala y escúchala no la dejes para después

Si te ha ofendido, no lo disimules. Si te sientes dolido no muestres lo contrario. Toda injusticia percibida en el exterior o proyectada en nuestra persona debe tenerse en cuenta. La aceptación de toda emoción es un principio básico para tu contrato del bienestar.

La ira quiere que emitas una respuesta ¡Reflexiona sobre cuál es la mejor!

Ira y depresión se relacionan porque a menudo, respondemos de manera desadaptativa, es decir, escondiendo lo que sentimos, haciendo como si no pasara nada. Esto no es lo adecuado, porque lo que demanda la ira es ACCIÓN, pero esa acción debe ser siempre ADAPTATIVA.

Cuando algo te moleste, te duela o te ofenda, aplica la asertividad. Defiéndete con respeto, deja claro lo que no vas a permitir, lo que no quieres para ti de manera madura e inteligente. Si hay algo que te ha dolido, dilo en voz alta para que no se repita, pero no busques venganza.

Otro aspecto que debes saber sobre la ira es que es una de las emociones que más incentivan la creatividad y el movimiento.

  • A veces, esa rabia se puede disuadir generando un cambio. Reflexiona qué  es lo que está pidiendo de ti esta emoción.
  • La acción, como el deporte, es también un canal positivo para desahogar tensiones.
  • La meditación o mindfulness te ayudará a equilibrar las emociones.
  • La expresión artística, como la pintura, música o escritura, son medios excepcionales donde la ira encuentra un escenario ideal para ser desahogada.

No dudes por tanto en proyectar en el exterior todo aquello que pesa en tu interior, te sentirás aliviado. Comprender y ventilar emociones es nuestra llave de salud y bienestar.

Bibliografía

  • Fava, M. (1998). Depression with anger attacks. In Journal of Clinical Psychiatry (Vol. 59, pp. 18–22).
  • Spielberger, CD, y Reheiser, EC (2009). Evaluación de las emociones: ansiedad, ira, depresión y curiosidad. Psicología aplicada: salud y bienestar , 1 (3), 271–302. https://doi.org/10.1111/j.1758-0854.2009.01017.x
  • Rudy Abi-Habiba, Patrick Luytenab (2013) The role of Dependency and Self-Criticism in the relationship between anger and depression https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0191886913007526

Categorías:Ansiedad y depresión