Psicología emocional

He aprendido que sin esperar nada de nadie, se vive mejor


Cuando Jorge Luis Borges llegó a sus últimos días, lamentó haber cometido el peor pecado de todos: no haber sido feliz o al menos, no haber vivido con mayor entusiasmo.  Esta es sin duda una imagen que nos invita a la reflexión. ¿Sientes quizá en este mismo momento esa sensación? ¿La de no estar aprovechando la vida como deberías? Un primer paso para lograrlo es reducir expectativas y aplicar un principio básico del bienestar personal: no esperar nada de nadie y esperarlo todo de ti mismo.

Puede sonar algo extremo, no hay duda. Somos seres sociales y como tal, en nuestras interacciones y vínculos cotidianos necesitamos de cierta seguridad. Sin embargo, hay un aspecto que desde el campo de la psicología sabemos bien: las personas pecamos de un exceso de expectativas; y la mayoría de ellas son poco realistas.

Esperamos demasiado de los demás. Damos por sentado que ciertas personas siempre estarán ahí, a nuestro favor, a nuestro alcance y apoyando cada decisión. Lo esperamos todo de ese amigo, de esa pareja, de ese familiar y hasta de ese compañero de trabajo.

Sin embargo, las personas son falibles. Al igual que nosotros mismos. Y eso no es bueno ni malo, es sencillamente ser humano, es asumir que cada cual es libre de actuar en cada momento como desee sin necesidad de ajustarse a cada segundo a lo que otros esperen de ellas.

He aprendido que sin esperar nada de nadie, se vive mejor

Menos expectativas y más dejarse llevar

Dentro del movimiento del new age, y sobre todo, gracias a autores como Paulo Cohelo, se nos ha transmitido la clásica idea de que “cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla”.

El poder de las expectativas y de lo que “yo quiero o deseo”  ha tenido mucha relevancia en los últimos años. Sin embargo, como bien sabemos nuestra realidad no siempre sigue esta regla de tres. No por desear mucho una cosa sucede. No por querer que los demás sean como yo quiero y deseo lo van a ser.

Un ejemplo, los padres y las madres esperan que sus hijos sean perfectos, aplicados y respetuosos. Nuestras parejas esperan de nosotros que los amemos siempre, que seamos ese respaldo constante. Lo mismo sucede con nuestras amistades… A lo largo de los años, hemos construido una red de expectativas tan rígida, que al final pesa más la presión que la libertad de ser.

El mundo es caótico e inesperado y las personas, por duro que nos parezca, también somos caóticas, cambiantes y espontáneas. Debemos aceptar por tanto que los demás, al igual que nosotros mismos, podemos cambiar de prioridades de un día para otro. Es más, hay que aprender a fluir en medio de los altibajos y los cambios vitales. La clave está en reducir expectativas, hacerlas más realistas y sobre todo, dejar de esperar nada de nadie y esperarlo todo de nosotros mismos.

Menos expectativas y más dejarse llevar. Deja de situar tan elevadas esperanzas sobre los demás, no idealices, no des por sentadas tantas cosas, no hay que esperar nada de nadie… Solo déjate llevar, baja el listón y aprecia el momento

Sí a mi autonomía emocional y personal

Quien lo espera todo los demás lo único que obtiene son decepciones. No merece la pena vivir en este escenario, en este campo de minas donde casi a cada paso nos sorprende algo inesperado. Debemos trabajar nuestra autonomía emocional y no depender en exclusiva de lo que otros digan, hagan o piensen.

No esperar nada de nadie es un ejercicio que requiere trabajar los siguientes aspectos:

  • Asume que nadie tiene el doctorado en la perfección absoluta, y menos nosotros mismos. Todos somos falibles. Todos tenemos derecho a cometer errores, cambiar de opinión, etc.
  • Evita dependencias y apegos. Procura que tu felicidad no dependa del tono de voz con el que hoy te habla tu pareja. No dejes que tu bienestar dependa de tus esfuerzos por complacer a tu familia.
  • Acepta que no siempre hay que recibir algo a cambio por cada cosa que hacemos por los demás. Mereces respeto, no hay duda, pero no hay por qué aguardar una gratitud extrema o dejar en deuda al otro cuando hacemos algo por él.
  • Se vive mejor sin esperar nada de nadie cuando uno entiende por fin que la felicidad depende solo de uno mismo. Hay que aprender por tanto a ser responsables de la propia vida, de nuestras palabras, acciones y pensamientos.

He aprendido que sin esperar nada de nadie, se vive mejor

Acepta a las personas que quieres por lo que son no por lo que quieras que sean

Acepta a cada persona por como es y no por como tú quieras que sea. Apréciala en toda tu esencia, ama sus imperfecciones y deja que actúe como bien desee en cada momento. Asimismo, también los demás deben respetar y apreciar tu forma de ser; de hecho solo quienes te quieran de verdad serán capaces de apreciar tus defectos y adorar tus virtudes. Las personas estamos hechas de claroscuros, y eso es lo que nos hace únicos y excepcionales.

Recuerda bien la siguiente idea y aplícala a diario en tu presente: no hay que ser perfectos, hay que ser felices. Haz que cada instante cuente, de manera que cuando llegue ese momento en que debas dejar este mundo, dibujes una sonrisa de satisfacción al tomar conciencia de que te has atrevido a ser feliz y todo lo hecho ha merecido la pena. ¡Atrévete, no esperes nada de nadie y espéralo todo de ti mismo!.

Bibliografía:

  • C. Hayes. Steven (2013) Sal de tu mente, entra en tu vida. Desclée De Brouwer
  • McKay,  Matthew  (2010) Tú vales más de lo que piensas: Cree en ti y despierta tu autoestima. EDICIONES ROBINBOOK

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