Psicología emocional

Ya no me quiere: cuando tomamos conciencia del desamor


Ya no me quiere. Cuando tomamos conciencia de tal realidad algo se derrumba en nuestro en interior dejándonos fragmentados, desnudos y expuestos a un vacío desolador que no sabemos cómo manejar. En cierto modo, ya veníamos intuyendo indicios, realidades camufladas que no queríamos ver, miradas que ya no nos eran receptivas, manos que no buscaban nuestra piel y que nosotros, atribuíamos quizá con ciega ingenuidad al cansancio o al peso de la rutina.

El desamor es una falta de ortografía en la vida, lo sabemos. Y como tal, llega a veces de manera casi anunciada y otras, de manera descarnada y duramente inesperada. Porque el amor como los huesos también se rompen, lo tenemos claro, pero cuando llega, nadie sabe cómo tratar esa fractura que en la mayoría de las veces ni tan solo nos permite respirar.

Algunos se quedan paralizados, sin saber qué decir, qué hacer o cómo volver a vivir tras esa ruptura. Otros se aferran a la desesperada a esa persona mendigando una nueva oportunidad, suplicando una segunda parte a alguien que en muchos casos, ya ha iniciado una película propia, ahí donde existen otros protagonistas y otra banda sonora.

Debemos tenerlo claro. El modo en que reaccionemos tras asumir de manera clara y evidente que ya no nos quieren, determinará nuestra posterior recuperación. La herida emocional que se produce en estos casos es inmensa, pero actuar de manera inadecuada puede hacer más grande esa lesión psicológica y cronificar un dolor que nos impedirá no solo pasar página, sino permitirnos ser felices una vez más.

Ya no me quiere: cuando tomamos conciencia del desamor

Ya no me quiere, la herida que nuestro cerebro siente como una quemadura

El amor es un sentimiento único, enriquecedor y una de las experiencias que más sentido aportan a nuestras vidas. A veces, los efectos mentales y emocionales de estar enamorados parecen desafiar tanto a la ciencia como la razón. A nuestro cerebro de hecho, le encanta esa sensación, porque cuando amamos, no existe el miedo, se alivia el estrés y no sentimos increíblemente seguros.

Ahora bien, cuando aparece ese temible ‘ya no me quiere’ en nuestra mente, todos nuestros sistemas cerebrales entran en pánico. Lo interpreta como un peligro, como esa amenaza inesperada a la cual, no sabe muy bien cómo enfrentarse. Fue en el 2011, cuando un equipo de neurocientíficos cognitivos de la Universidad de Columbia realizaron un estudio para demostrara algo sencillamente asombroso.

  • El rechazo afectivo genera dolor físico. Aún más, nuestro cerebro interpreta una ruptura del mismo modo que si alguien nos hubiera quemado la piel.
  • Así, en este estudio, los doctores Ethan Kross y Marc G. Berman realizaron una serie de resonancias magnéticas a un grupo de personas que habían sufrido una ruptura no deseada en los últimos seis meses, para descubrir cómo aparecía una hiperactividad en las zonas relacionadas con el dolor vinculado a una quemadura. Algo sin duda tan llamativo como revelador.

Una ruptura requiere una explicación valiente para poder pasar página

Si ya no me quiere, lo tengo que asumir. Puede que aceptarlo me cueste tres o seis meses, pero debo hacerlo. Ahora bien, lo que NO debo hacer en ningún caso es culpabilizarme a mí por no haberlo hecho mejor o proyectar todo mi desprecio en esa persona que a fin de cuentas, es la culpable de mi infelicidad y sufrimiento.

Debemos tenerlo claro, alimentar el odio, la rabia y la culpabilidad hace eternos estos procesos de recuperación. Es convertirnos en esclavos de un recuerdo doloroso, es fragmentarnos cada día un poco más hasta ser como sombras en el viaje de la vida; figuras que han perdido su potencial humano. No vale la pena. 

No a los amores protésicos, mejor un tiempo en soledad para reconstruirte

Cuando dejamos una relación atrás y pesa en exceso el sufrimiento, es común querer disolver ese dolor con una nueva relación lo antes posible. Nos lanzamos casi a la desesperada en busca de alguien que llene los vacíos, que actúe de soporte, que sea capaz de dibujarnos sonrisas en el rostro, que alegre el corazón y que sea ese bálsamo del olvido capaz de redimirnos una vez más.

Sin embargo, si hacemos esto cometeremos un error. Porque los amores de prótesis, esos que sirven de soporte momentáneo ni llenan ni curan. Son de quita y pon, tal y como vienen se van dejándonos a menudo aún más doloridos y más inválidos si cabe.

Tras la toma de conciencia de que ese alguien significativo ya no me quiere, lo mejor es dedicarme un tiempo para mí. Debo reconstruirme de nuevo, debo nutrirme, atenderme, reparar mi autoestima y alimentar mi dignidad con el fin de mirar al mañana con esperanzas renovadas.

Ya no me quiere: cuando tomamos conciencia del desamor

Las agujas del tiempo no curan por sí solas, sana lo que tú hagas durante ese tiempo

Debemos tenerlo claro: el tiempo por sí solo ni cura, ni hace olvidar, ni resuelve la herida del desamor. Hay personas que nunca llegan a superar una ruptura; no importa que pasen dos o cinco años. Y no lo hacen porque no han realizado el duelo de manera adecuada, porque han optado por dar poder al dolor e incluso el odio por esa vivencia que sigue instalada en ellos, hasta el punto de no poder volver a confiar en nuevas parejas afectivas.

Queda claro que no todos sabemos manejar el sufrimiento. Nadie nos ha enseñado a hacerlo, pero no saber no significa no estar capacitados para intentarlo o negarnos a pedir ayuda. Dejar pasar los días sin afrontar lo que duele no borra el sufrimiento, solo lo desplaza a otro lugar para que siga creciendo en silencio. Hay que hacerle frente desde diversos ángulos:

  • Si esa persona ya no me quiere debo dejar de insistir. No debo mendigar nuevas oportunidades. Lo mejor es cortar el contacto, sobre todo en redes sociales. Si me obsesiono en consultar su facebook, Instagram, etc, para ver qué hace, con quién está o qué escribe, lejos de pasar página avivaré el sufrimiento. El contacto cero es la mejor estrategia para favorecer el duelo.
  • Tengo permiso para llorar, enfadarme, buscar instantes de soledadDesahogar el dolor no solo es catártico, es necesario y me ayudará a aceptar esa situación.
  • Evitaré alimentar emociones negativas como el odio, la rabia o la frustración. No hay que buscar culpables ante lo sucedido, hay que buscar nuevos escenarios de vida. Por ello, lo más recomendable es iniciar otros proyectos, embarcarnos en planes renovadores que llenen nuestro tiempo y nuestra mente.

El apoyo social de los nuestros, de amigos y familia es indispensable en estos casos. Debemos seguir moviéndonos con la vida, situando objetivos en el horizonte y poniéndonos a nosotros mismos como prioridad. El amor perdido formará parte de nuestra historia y como tal, vale la pena intentar guardar un buen recuerdo de ello. El mañana nos traerá nuevos capítulos vitales si nos lo permitimos. Así que intentemos pasar página del mejor modo posible: con dignidad, con resiliencia…

Bibliografía

  • Ethan Kross , Marc G. Berman , Walter Mischel , Edward E. Smith y Tor D. Wager Social rejection shares somatosensory representations with physical pain PNAS 12 de abril de 2011 108 (15) 6270-6275; https://doi.org/10.1073/pnas.1102693108

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