Ansiedad y depresión

Estos son los signos que no supe ver en mi depresión


Winston Churchill llegó a ponerle nombre a su depresión. A ese estado de melancolía permanente con el que lidiaba en privado: era su “perro negro”, una bestia invisible que lo acompañó toda su vida y cuyos ladridos, ya atenazaron también como una maldición a sus propios ancestros. No obstante, esa condición psicológica no mermó el liderazgo de una de las figuras más relevantes de Reino Unido. El “bulldog” británico fue clave en tiempos de guerra y una inspiración en los años de paz.

Ahora bien, durante una buena parte de su vida nadie adivinó ni se atrevió a imaginar que una persona con su carisma y energía, pudiera estar batallando con otro tipo de conflicto. Uno más privado, y sobre todo silencioso, descarnado. No fue hasta la última etapa de su vida cuando la depresión se apoderó por completo de él, hasta hacerlo irreconocible.

signos que no supe ver en mi depresión

Como podemos ver, esta condición psicológica es portable. Viaja con nosotros, convive con nosotros. Es ese perro negro invisible y un copiloto angustiante que tarde o temprano toma el control de nuestra vida. Conocer sus síntomas, escuchar su lenguaje es clave para saber reaccionar a tiempo. En muchas ocasiones, esa apatía, es la voz de la distimia. Un condición que tarde o temprano derivará en una depresión mayor.

“Para combatir la depresión emplea la vida al aire libre, la sobriedad, la selección de los manjares, ninguna preocupación y control de las emociones”

-Friedrich Wilhelm Nietzsche-

1. La apatía en la depresión

La depresión no se manifiesta de igual modo en las personas. Es más, esta condición tiene muchas formas, tipologías y signos particulares. Sin embargo, es común que existan unos elementos comunes que suelen facilitar así el diagnóstico.

La apatía es uno de esos rasgos. A menudo, eres perfectamente capaz de ir al trabajo, de socializar, de mostrar al mundo una sonrisa inmensa y hechizante. Pero en tu interior habita ese peso, ese vacío donde nada atrae verdaderamente nuestro interés. Nos sentimos irritados, enfadados, molestos con todos y todo.

2. Levantarse por las mañanas, el peor momento

Abrir los ojos al nuevo día es lo más complicado de todo. Es ese instante en que cae sobre nosotros la losa del desánimo. No encontramos motivantes, no tenemos ilusiones, faltan las fuerzas y la esperanza está ausente. Es ese instante donde nos vienen a la mente preguntas cómo ¿pero qué sentido tiene mi vida? ¿para qué tengo que salir de esta cama si nada merece la pena?

Si ha notado en ti un aumento de la irritabilidad, si te enfadas por cosas que antes no tenían importancia y la apatía es ya ese rumor constante y reiterado que resta impulso a tu vida, no lo dudes. Consulta a un profesional.

3. Problemas para dormir

El insomnio puede tener muchas causas. Sin embargo, una de ellas hunde su origen en  trastornos psicológicos como la ansiedad, el estrés y la depresión.  Es más, estudios como los llevados a cabo en la Unidad de Psicofarmacología, Universidad de Bristol, Reino Unido nos demuestran la evidencia de ese vínculo a menudo tan habitual entre las alteraciones del sueño y la depresión. Es más, poco a poco se convierte en un factor que intensifica aún más el problema.

Los problemas para conciliar el sueño, sumado a los despertares continuos, dificulta un descanso reparador. El agotamiento, a su vez, recrudece el desánimo y la propia depresión.

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4. Dolores físicos

Hay un vínculo poderoso entre el cuerpo y la mente. Tanto es así que es común que aparezcan múltiples signos psicosomáticos de la propia depresión:

  • Dolor de espalda.
  • Cefaleas.
  • Problemas digestivos.
  • Sistema inmunitario debilitado.
  • Trastornos de la piel.
  • Pérdida del cabello.
  • Agotamiento.

5. Síntomas cognitivos

Los síntomas cognitivos hacen referencia a esos procesos psicológicos que nos dificultan, que merman nuestra capacidad de acción para poder interaccionar con el entorno con normalidad. Así, uno de los síntomas más comunes de la depresión a nivel psicológico es sin duda la “niebla mental”. Se trata de un fenómeno donde  nos es muy complicado centrar la atención, pensar con claridad.

También percibiremos lo siguiente:

  • Fallos de memoria.
  • Problemas para tomar decisiones.
  • Sensación de culpa constante.
  • Empezamos a ser muy críticos con nosotros mismos.
  • Sensación de irrealidad (a veces vemos el mundo como si no fuéramos parte de él)

Por último, y no menos importante, es habitual también que emerjan esos pensamientos desgastantes, agotadores y negativos. Ahí donde resuena esa voz peligrosa capaz de decirnos que no valemos para nada, que la vida no tiene sentido. La negatividad y las ideas obsesivas se entremezclan con el aliento de la angustia, la misma que nos quita el aire y pinta de colores grises nuestra realidad.

La OMS nos advierte de que en los próximos 20 años, la depresión será el primer problema de salud en el mundo occidental. Su aparición está mediada por factores genéticos, pero sobre todo, ambientales. Saber prevenirla mediante adecuadas estrategias de afrontamiento, y detectarla para poder solicitar ayuda experta, es clave para evitar que esta condición adquiera tintes de epidemia.

Bibliografía

HAMILTON, M. (1960). Una escala de calificación para la depresión. Diario de neurología, neurocirugía y psiquiatría , 23 , 56-62. https://doi.org/10.1136/jnnp.23.1.56

Bair, MJ, Robinson, RL, Katon, W., y Kroenke, K. (2003). Depresión y comorbilidad del dolor. Archives of Internal Medicine , 163 (20), 2433. https://doi.org/10.1001/archinte.163.20.2433

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