Reflexiones

Soy auxiliar de enfermería y esta es mi historia


(*Esta carta ha sido publicada con el permiso de su autora)

Hola!! Soy Lorena, tengo 30 años y soy Auxiliar de Enfermería, pero sólo conozco el mundo de la Geriatría. Un mundo donde te esclavizan y donde te contratan para hacer de todo. Ya sea una Residencia Pública o Privada, no importa el estatus, una vez que te contratan, sabes que vas a hacer el trabajo de varias personas, cobrando de mala manera el de una sola.

Hace tiempo, en Facebook, hice pública una situación importante y, a su vez, traumática para mí, que creo que debería conocerse públicamente, porque sé que la mayoría de profesionales que se dedican a esto pasan por exactamente lo mismo que yo. Empezaré explicando qué me movió el trabajar sobre esto de lo que me estoy quejando, ya que no quiero quedar como que “muerdo la mano que me da de comer”.

Soy auxiliar de enfermería

Soy auxiliar de enfermería por vocación

Yo siempre he estado rodeada de gente mayor. SIEMPRE. De pequeña, en casa, cuidábamos de mi bisabuela y, después de mudarnos de ciudad, mis abuelos vinieron a mi nueva casa, y luego, los tíos de mi madre y así, hasta que han ido falleciendo todos hasta hace poco.  A mí me encantaba cuidar de ellos, ya que se me hacía curioso cómo alguien de 80 o 90 años volvía a comportarse como un niño pequeño, tanto física como cognitivamente.

No entendía cómo mi bisabuela, una persona tan grande y con tanta historia a sus espaldas, no pudiera ni levantarse para comer y que usara pañal (y que la bañaran en la cama ya fue el novamás). De esa curiosidad, y al ver a mi madre siempre al servicio de sus padres y tíos, nació mi vocación de tratar con abuelos, de cuidarlos, de atenderles en todo hasta que se fueran. Que murieran con dignidad…

Hasta que la Geriatría ha quemado toda esa energía y ganas por este trabajo. Una rama de la Medicina, que tiene su focus en la gente mayor, y que las empresas utilizan para hacer números en el banco a costa de la salud mental y física del trabajador.

Mis primeras experiencias

Recuerdo que cuando hice el Grado de FP de Auxiliar de Enfermería, nos avisaron que en Geriátricos sería dónde encontraríamos trabajo fácilmente, pero nunca imaginé por qué, ya que en clase no te dicen que harás de Auxiliar, de Enfermera, de personal de Lavandería y Cocina, de Limpieza, de Psicólogo y, mucho menos, de esclavo. Porque es en lo que te convertirás en cuanto firmes un contrato en cualquier Residencia para Gente Mayor. Serás un criado sin derechos tanto para la Empresa como para Usuarios y sus familiares; serás algo de su propiedad y a quién atacarán sin dudar de cualquier cosa que les parezca mal.

Para no meter a todas las Residencias en el mismo saco, porque pongo mi mano en el fuego de que muchas son humanas, pondré mis experiencias en las malas, que por desgracia, son la mayoría. Después de trabajar durante muchísimos años en Atención a Domicilio, decidí que ya era de volver a un Centro Especializado, así que empecé a echar CV’s y me cogieron enseguida en una pública de Barcelona.

Duré dos semanas literalmente. 

Allí, tenías que comprarte tú los guantes y el material de higiene de los usuarios. Con un sueldo de auxiliar que no llegaba a los 800€ y eso que trabajabas de 12h a 14h en semana larga y corta (festivos incluídos). De risa.  Como soy una persona apasionada y no puedo callar las injusticias que veo, como por ejemplo, quejarme por tener que pagar el material que tienen el derecho de darme ellos, me dijeron que no superé el mes de prueba y en dos semanas estaba en la calle.

Condiciones inhumanas como auxiliar

Inocente de mí, pensaba que me había acostumbrado a trabajar en casas particulares y que eso sería algo puntual, hasta que una prima me recogió un CV y me cogieron en su Residencia Pública, otra vez en Barcelona.  Allí pasé 3 años. Los peores que recuerdo.  El primer día ya empezó intenso, era Sábado, yo me había perdido y el transporte público no funciona con tanta fluidez como entre semana. Al llegar, me encuentro con la Coordinadora dando medicación y desayunos porque en Fin de Semana no había Enfermería.

Como lo digo: los festivos no había servicio de Enfermería, así que ella hacía su papel y, muy sonriente, de esas sonrisas falsas que notas a la legua, me da una bolsa con material y me pregunta si tengo experiencia; le respondo que sí, a lo que me dice “pues venga, busca a Fulanita y buscaos la vida, porque llegas tarde y vamos a ir de culo por tu culpa”.

Esas palabras se me quedaron en la cabeza, porque creo que la primera impresión cuenta tanto como el “Buenos días, bienvenida” que no me dijo.En esa Residencia es donde aprendí a cómo ser una esclava tanto de los abuelos como de los familiares y la Jefa.  La Jefa, esa mujer que sólo aparecía por allí para echar la bronca y esa era su única función. Trabajábamos de 8h-20h y, cuando ella veía oportuno, hasta nos negaba la hora de la comida con faena extra o porque quería mostrarnos su descontento.

Y cuando venía Inspección era peor, porque la Residencia no cumplía los Requisitos en Cocina y, a nivel material, no nos proporcionaban el suficiente para todo el mes:  teníamos que coger jabones de otros abuelos para poder duchar a otros. Cuando me pasaron al turno de noche y sólo trabajaba con mi prima, teníamos que dejar a usuarios mojados porque no nos dejaban los pañales oportunos para todos los cambios exigidos. 

Así que la Jefa nos amenazaba entre dientes, de que más nos valía que los Inspectores no le dijeran nada malo porque, luego, pagaríamos las consecuencias.

A nivel compañerismo trabajando de auxiliar, aún tengo contacto con una de ellas, que fue la que más me apoyó a nivel trabajo (nos ayudábamos) y, obviamente, con mi prima también me hablo. Pero las demás siempre te hacían sentir mal, e incluso te hacían saber en tu cara “lo inútil que eres” por no poder mover a un abuelo de más de 150kg sin grúa.

Podría escribir un libro entero de todo lo malo de esa Residencia.

Decidí irme…

Decidí irme cuando, al volver al turno de día y con mis antiguas compañeras, empezaron a acusarme de moratones que encontraban en los yayos y algunos robos que hubieron. Y, aunque la señora a la que robaron varias veces se quedó afónica diciendo que no fui yo y se quejaba que el ladrón era del otro turno, nadie dio el brazo a torcer por mí. Aguanté la presión de los gritos, las broncas y las acusaciones de la Coordinadora y la Jefa (que hasta llegó a dejarme sin vacaciones el último año) durante meses y me fui.

A las pocas semanas de irme, cogí todo el dinero y me fui a Londres, hasta que mi tarjeta me lo permitió. Cuando volví, esperé a que se acercara la campaña de Navidad, donde llegué a tener hasta 2 entrevistas por día durante semana y media.  Me cogieron en una Residencia Privada en Premià de Mar como auxiliar, a las afueras de Barcelona. El sitio era encantador, tanto por fuera como por dentro y me encantó a la primera impresión.

Empecé haciendo de Refuerzo (unas cuantas horas por la mañana y, otras pocas, por la tarde) y, a los pocos meses me enteré que necesitaban personal de noche y, aunque llevaba poco tiempo con ellos, apostaron por mí y me cambiaron de turno. Y allí estuve durante años, con un trabajo que cansaba pero me llenaba, con compañeras estupendas, que llegué a considerarlas amigas y hasta familia, haciendo quedadas y yéndonos de fiesta juntas.

Puedo decir que allí, he conocido a las mejores personas del mundo a nivel profesional. Siempre íbamos a una y hacíamos virguerías para organizarnos y ayudarnos en todo. Todo fue genial hasta que una empresa grande a nivel nacional compró la Residencia y empezó a echar personal sin reponerlo, a no dar vacaciones y cubrirlas… a forzar la situación para que nos fuéramos por nuestro propio pie.

Quitaron personal de noche y teníamos que hacer el trabajo que no le daba tiempo a hacer al Personal de Limpieza. Llegó un momento en el que ni las Coordinadoras sabían lo que hacían (ni lo que tenían que hacer) y, si queríamos acabar enteras por la mañana, mis compañeras y yo teníamos que organizar el planning entre nosotras y, a veces, hasta el de los primeros Refuerzos que venían por la mañana.

Nos quitaron las pagas dobles y bajaron el sueldo y no nos daban Días Personales. Empecé a desarrollar Insomnio y Ansiedad y, por orden médica, me pasaron al turno de tarde. Me adapté genial a las compañeras de día, pero al poco del cambio, la hija de una residente me agredió físicamente y, al ir a quejarme a Dirección, se pusieron de su parte, alegando en mi cara que yo no tenía derecho a plantarle cara, ya que esta señora pagaba por tener ahí a su madre y yo tenía que callarme y agachar la cabeza.

Esa misma tarde, me fui al CAP y cogí la Baja. Mientras, busqué trabajo en otras Residencias, sabiendo lo que buscaba y lo que no. Lo que iba a dejar pasar de todo el mundo y lo que no, porque mi Dignidad estaba por encima de todo y encontré una Privada al lado de Granollers.

Empecé de turno de tarde, pero al mes y poco me pasaron al de noche, al que accedí con la condición de sólo hacerlo en Verano, ya que tenía problemas con la Ansiedad y el Insomnio, pero también sé que nadie quiere el Turno de Noche en verano y les haría el favor.

 

Me prometieron que, en Octubre, me cambiarían otra vez al turno de día… hasta que me di cuenta que era mentira.  A parte de no cambiarme de turno cuando dijeron (ignoraron hasta el papel del médico donde exigía el cambio por mi Salud), me encontré con otro Caos parecido al de la Residencia de Premià del Mar. El personal que faltaba no lo reponían, no había material suficiente, tanto a nivel de EPI (guantes,mascarillas) como grúas, pañales, sábanas y toallas, etc. Hasta había días que no podíamos duchar porque no había agua caliente.

Llegué a un Nivel de Ansiedad al que nunca me había enfrentado, teniendo ataques día sí, día también, llegando a la punta del iceberg el día que me enteré que la misma Gran Empresa que compró la residencia de Premià de Mar, había hecho lo mismo con esta.

Cogí la Baja, teniendo en cuenta que no me cambiarían al turno de día y me quedaban 2 meses de contrato. Después de recibir el apoyo incondicional de mi pareja, decidí buscar ayuda en la Psiquiatría. Tardé varios meses en poder hacer el ciclo natural de sueño, al principio gracias a pastillas, pero poco a poco, dejándolas de lado y basándome más en la terapia hablada.

También me costó tomar la decisión de no querer dedicarme más a la Geriatría. No puedo ni quiero volver a ser un cero en un sector donde eres el profesional más importante, ya que los Auxiliares conocemos al milímetro al residente y, aún así, somos el más pisoteado y menos valorado.

Sabemos todo de ellos, tanto de los temas que se pueden hablar con cada uno de los abuelos, como de los lunares y cicatrices/marcas en la piel que tienen (y de qué son).  Sabemos todo de ellos y no se nos valora ni escucha. No le importamos a los de arriba, aun siendo a los que más se nos exige.

Se nos obliga a trabajar en condiciones que dan vergüenza, haciendo de todo (limpieza, enfermería, psicología, lavandería, cocina) por un sueldo que dan ganas de llorar. Aguantando malas palabras y gestos tanto de residentes, como de sus familiares y no tener derecho a contestar, porque eres un trabajador y no puedes porque no te dejan; porque tú estás ahí trabajando y en alguna cláusula del contrato pone que aguantes y aguantes y sonrías. Nada de malas caras, porque da mala imagen a la empresa. Una empresa a la que le importa poco tanto sus usuarios como sus trabajadores; que sólo quiere números y más números.

Me despido de mi vocación con pesar, porque, como he dicho más arriba, cuidar de personas mayores y ser auxiliar ha sido mi vida, pero no puedo seguir trabajando en un sector tan corrupto, desagradecido y sucio como es la Geriatría.

Espero que este escrito sirva de algo para gente que esté como yo, porque, por desgracia, sé que la hay y no es poca.  Sólo me queda animar a los que no podáis huir de aquí, a los que necesitáis el trabajo (que es de lo que se aprovechan los jefes). Todo mi apoyo a los profesionales que se sienten el último eslabón, una basura, sólo porque la Empresa no ve en ellos una persona, sino algo que da dinero y, si se rompe, se repone con otro más joven o más necesitado.

Sólo decir que la unión hace la fuerza y, sin nosotros, las Residencias no funcionan.  Si no tuviéramos miedo a las amenazas que recibimos de los de arriba ante posible rebelión, otro gallo cantaría. Saben que no son nada sin nosotros, pero callamos y agachamos la cabeza porque saben que dependemos del mal sueldo que nos dan por tanta burrada de trabajo.

Así que ánimos. No estáis solos. Pero ante todo, recordad que, al final de la vida, sólo importamos nosotros mismos. Somos lo más importante y merecemos llegar al final tranquilos y dignos.

 

*Esta carta ha sido publicada con el permiso de su autora

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