Ansiedad y depresión

Estoy mal, hoy no puedo con nada: me siento incapaz de afrontar mi día


Estoy mal, hoy no puedo con mi día, todo me pesa, todo me duele y lo único que me apetece es hacerme un ovillo bajo las sábanas. En silencio. En soledad. Lejos de todo. ¿Te suena esta sensación? ¿Es quizá la que estás viviendo en este mismo momento? Si es así, respira hondo, porque un mal día no es una mala vida, es más, tienes pleno derecho sentirte de este modo. No obstante, recuerda, es tuya y solo tuya la obligación de aunar fuerzas y empuje para que mañana sea una jornada mucho mejor.

chica en mar pensando estoy mal hoy no puedo con mi día

Señala Daniel Goleman, psicólogo, periodista y reconocido autor del libro Inteligencia Emocional, que nuestra voz interna sabe mucho más que la propia mente. Es decir, ese sustrato inconsciente que erige gran parte de nuestro comportamiento sabe muy bien cuál es el origen de nuestro malestar. Sin embargo, a las personas nos cuesta mucho desvelar el por qué de nuestro sufrimiento. Nos falta cierta alfabetización emocional para entender el origen de ese dolor psicológico que casi sin saber cómo, es más intenso en unos días que en otros.

Tenemos una voz interior que sabe más que nuestra mente. Es ella la que nos habla a través del cuerpo, de ese dolor de cabeza, de esas sensaciones viscerales. Debemos aprender a traducir dichos mensajes. Solo así ganaremos en bienestar.

-Daniel Goleman-

Estoy mal, hoy no puedo con nada ¿por qué me siento así?

Algo que debemos comprender en primer lugar es que el estado de ánimo fluctúa. Que ocurra esto es algo normal. Las personas no somos máquinas y no podemos mantener de forma continuada un mismo estado emocional. Somos organismos vivos y emocionales que reaccionan no solo a su entorno, sino también a su propio universo interno.

Preocupaciones, deseos, desilusiones, miedos, ansiedades… En nuestra vida ningún día es igual, y tampoco nuestro estado de ánimo estará siempre al 100%. Hay que asumir por tanto que habrá días en que nuestros recursos motivacionales y nuestro positivismo decaigan y estén bajo mínimos.

Sabemos, además, que no resulta sencillo transitar por esos estados de negatividad y pesadumbre absoluta; somos al fin y al cabo, unos férreos intolerantes a las emociones negativas. No nos gustan, las queremos fuera y bien lejos… pero tanto si lo queremos como si no, son parte de nosotros y tienen su utilidad.

chica de espaldas cogiendose cabeza pensando estoy mal hoy no puedo con mi díaDescarta causas orgánicas que puedan mediar en tu estado decaído

Cuando te digas a ti mismo “estoy mal, hoy no puedo con nada”, tienes una obligación contigo mismo: detenerte. Esta palabra parece no existir en muchos de nuestros diccionarios personales. Pararnos para atender nuestras necesidades y priorizarnos, es casi un sacrilegio. ¿Cómo voy a parar con la de cosas que tengo que hacer?

No te resistas. Ese malestar y esa voz interna te están avisando de algo y debes escuchar. Entiende que detrás de ese desánimo, negatividad y baja motivación pueden haber, por ejemplo, causas orgánicas detrás que hay que descartar. Las más comunes son las siguientes.

  • Alteración de la tiroides.
  • Déficit de hierro, un bajo nivel de vitamina D o vitaminas del grupo B…
  • Defensas bajas.
  • Insomnio.
  • Apnea del sueño.

Aprendiendo a clarificar emociones

En un interesante estudio llevado a cabo en la Universidad de Psicología, de Konstanz, Alemania, la doctora Sabine Sontag descubrió algo interesante que nos debe invitar a una reflexión. En su investigación intentó averiguar cuáles eran las causas más comunes alrededor de las bajas laborales. Más allá de lo que podamos pensar, el orígen no es siempre por enfermedades orgánicas. En realidad, el más común es el agotamiento emocional.

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Estoy mal, hoy no puedo con mi día: cuando muchos “pocos que acaban creando una “gran” ovillo

Cuando te dices a ti mismo “estoy mal” en realidad, llevas bastante tiempo sintiéndote así. Lo que ocurre es que llega un instante en que tomas plena conciencia de ello. Lo haces porque tu cuerpo está agotado, porque el malestar acaba somatizándose en ese dolor de espalda, en esa tensión del cuello, esa cefalea y el dolor de estómago.

  • Tu cuerpo dice basta porque tu mente ha llegado al límite. Has dejado pasar muchas pequeñas cosas que al final, han ido creando costra un una cárcel de frustración que te ha ido cercando… hasta llegar a la situación presente.
  • Sufres agotamiento emocional, padeces estrés y si no afrontas ese estado, acabarás cronificando el sufrimiento hasta derivar en un trastorno de ansiedad o una depresión.

Yo siento, yo necesito

El malestar y la angustia vertebran a menudo muchos de nuestros días. No sabemos bien en qué momento llegaron para instalarse en nuestras realidad personal, pero ahí están, nublándolo todo.  Son como incómodos inquilinos. Copilotos de un viaje a los que deberíamos apear en la siguiente parada… pero no sabemos cómo. Para lograrlo, o al menos, empezar a realizar adecuados cambios, realiza el siguiente ejercicio.

chico pensando estoy mal hoy no puedo con mi día

Haz un listado de cómo te sientes y clarifica a su lado lo que crees que necesitas. Por ejemplo:

  • Siento rabia⇒ Creo que necesito desahogarla resolviendo eso que me molesta.
  • Me siento agotado ⇒ Debería bajar el ritmo y dedicarme tiempo de calidad.
  • Siento tristeza ⇒  Necesito afrontar o aceptar definitivamente ese tema para poder pasar página.
  • Me siento frustrado, estoy mal, hoy no puedo con mi día ⇒  Debería hacer un cambio valiente en mi vida para sentirme orgulloso de mí. Puedo empezar haciendo pequeñas variaciones en el día a día para después, tomar una decisión más arriesgada.

Estoy mal, hoy no puedo con mi día: botiquín de primeros auxilios

Los malos días vienen solos, ni siquiera llaman a la puerta. Vienen, nos traspasan y se quedan. Ahora bien, en realidad, no se trata de echarlos fuera como quien sacude el polvo o quita la suciedad.  Debemos entender por qué llegan, qué quieren y qué podemos aprender de esas vivencias.

Rollo May, reconocido psicólogo existencialista, solía decir que tanto la depresión, la tristeza y el sufrimiento son esos estados que nos quitan potencial para construir nuestro futuro. Debemos ser por tanto agentes activos no solo de nuestras vidas, de nuestros presentes y futuros. Debemos ser dueños de nuestro estado mental, de la calidad de lo que pensamos en cada momento.

Así, cuando te digas a ti mismo “estoy mal, hoy no puedo con mi día”, no dudes en aplicar este sencillo botiquín de emergencia:

  • Cuando me sienta mal, debo bajar el ritmo, detenerme. No debo dejar para mañana la emoción que siento hoy. Tomo conciencia de que debo dedicarme unas horas de descanso, de contacto conmigo mismo. Puedo dar un paseo, sentarme, escribir, meditar, escuchar música, crear…
  • Clarificaré qué es lo que siento, me escucharé con atención y respeto, sin juzgarme.
  • Me diré a mí mismo que merezco sentirme mejor. Haré uso de un diálogo interno respetuoso, afectuoso y ante todo saludable. Intentaré dar una respuesta a cada preocupación. Aquello que no pueda cambiarse o solucionarse, lo aceptaré.
  • Debo controlar el diálogo negativo y rumiante: es como el óxido que carcome autoestimas y valías.
  • Marcaré objetivos a corto y largo plazo. Sembraré mi futuro de ilusiones y proyectos nuevos, de ideas que me motiven.

chica en playa pensando estoy mal hoy no puedo con mi día

Para concluir, ante el “estoy mal, hoy no puedo con mi día”, recordemos, todos tenemos pleno derecho a tener una mala jornada, a levantarnos con un humor ensombrecido. No obstante, ese estado debe caducar lo antes posible para que mañana sea un día mejor, un día con mayor significado, mejores, planes y nuevas perspectivas vitales.

Bibliografía

  • Gee, J., & Loewenthal, D. (2013). Working with despair: A phenomenological investigation. Psychology and Psychotherapy: Theory, Research and Practice86(2), 229–243. https://doi.org/10.1111/j.2044-8341.2011.02053.x
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  • Sonnentag, S., Kuttler, I., & Fritz, C. (2010). Job stressors, emotional exhaustion, and need for recovery: A multi-source study on the benefits of psychological detachment. Journal of Vocational Behavior76(3), 355–365. https://doi.org/10.1016/j.jvb.2009.06.005

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