Psicología emocional

Después de tocar fondo, descubrí al ave Fénix que hay en mí


En la mitología griega , un Fénix es  un ave que se regenera cíclicamente. Lo hace al resurgir de las cenizas de su predecesor. Heródoto , Lucano o Plinio el Viejo ya hablaban de esa singular criatura que parecía tener su origen en el Antiguo Egipto. Era un pájaro solar de alas relucientes y porte real, una ser fascinante al que los habitantes de Heliópolis llamaban Bennu y que simbolizaba a su vez, a una criatura solar.

Ahora bien, los historiadores han encontrado también referencias del ave Fénix en múltiples culturas. De hecho, en la India se habla a menudo de la leyenda del hindú Garuda y la gandaberunda , en Rusia tienen a su pájaro de fuego , en Persia al simorgh , en el Tíbet al BYI karmo , en China al ave  Zhu Que y en Japón al hō-ō.

Si la leyenda de este ser está presente en múltiples regiones de nuestro planeta bajo diferentes nombres se debe a una razón.  Esa idea tan inspiradora sobre la capacidad de reconstruirnos, de sanar y evolucionar personalmente desde la nada o la más desolada destrucción, hasta la más elevada solemnidad, es algo que inspira. Aún más, pensar en ese pájaro abriendo sus alas de fuego a partir de sus propias cenizas, nos ofrece a su vez, una lección maravillosa sobre resiliencia.

“Cuando muere el ave Fénix,
sus cenizas crean a otro heredero.
Grande en admiración,  de bello porte…
Porque quien desde las cenizas sagradas emerge con honor,
se levantará como una estrella, luminoso en fama
hasta el fin de los tiempos”

-“Henry VIII” de William Shakespeare-

ave Fénix que hay en mí

Tienes derecho a tocar fondo (y la obligación de levantarte)

Las personas a menudo, nos empeñamos a capa y espada en ser fuertes, invencibles. Cada día salimos al mundo con una reluciente armadura y la mejor sonrisa; pero por dentro, a menudo, lidiamos una batalla sin descanso. Porque no siempre sabemos qué hacer con los vacíos, con las decepciones, los sueños fallidos, las heridas latentes y el ovillo de esos miedos que rugen y tiran casi en cada rincón.

Las personas fuertes se niegan a tocar fondo porque temen mostrar al mundo vulnerabilidad. Se obstinan en no caer, porque a sus espaldas tienen excesivas responsabilidades. Se olvidan, quizá, que no hay mayor responsabilidad que uno mismo.

Las personas fuertes se niegan a tocar fondo. Se obstinan en esconder sus sufrimientos, olvidando a menudo que no hay mayor responsabilidad que el propio bienestar. A veces, hay que dejarse caer para alzarse con mayor fortaleza y con las alas de la resiliencia

Carl Rogers, célebre psicólogo estadounidense y exponente del enfoque humanista, solía decir que no hay mayor sufrimiento que aparentar algo que no somos. Si estamos mal de nada sirve ponerse la cara del bienestar y la competencia absoluta.

  • Lo creas o no tienes pleno derecho a tocar fondo. Hacerlo, dejarte caer puede ser beneficioso en muchos aspectos.
  • Pasar un tiempo determinado en ese estrato profundo del sufrimiento, nos pone en contacto con nuestras propias necesidades. Ya no importa más que uno mismo y el mundo puede esperar.
  • Tocar fondo es desprenderse de todo para quedarse con lo mínimo, acurrucado en esa oscuridad para escuchar lo que la tristeza, la angustia o la decepción quiera decirnos.
  • Ese periodo de recogimiento debe durar lo justo y lo necesario. Quedarse a vivir en ese rincón sería un error. Porque todos podemos caer, pero tenemos la obligación de levantarnos, de alzar nuevamente el vuelo con nuevas fortalezas.

Abre las alas de la resiliencia

El concepto de la resiliencia está cada vez más presente en la psicología. Estudios como los llevados a cabo en la Universidad de Montpellier por los doctores Robert Stewart y Dimitry Davydov, por ejemplo, nos señalan que esta dimensión actúa como un auténtico mecanismo de defensa. Favorece por ejemplo el afrontamiento de situaciones adversas tanto a nivel personal como ante enfermedades físicas.

ave Fénix que hay en mí

Todos somos podemos ser resilientes

La resiliencia, este concepto que tiene su origen en el campo de la física, define la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a situaciones adversas.

  • Aunque una de las características del cerebro es favorecer nuestra supervivencia, no siempre sabemos cómo potenciar esos mecanismos que todos tenemos a la hora de hacer de la resiliencia, nuestra mejor valía.
  • Al tocar fondo, se abre sin duda la mayor oportunidad para despertarla. Para ello, poco a poco y en ese estado de introspección, aprendemos a ser conscientes de las propias valías. Nos daremos cuenta de que merecemos nuevas oportunidades, y que es necesario confiar en las propia capacidades.
  • La persona resiliente no se deja vencer por las dificultades. Las acepta, asume las pérdidas, los fracasos y su propio dolor. Pero aceptar no es dejarse atrapar por el desánimo. Es dar un paso atrás para coger mayor impulso; solo eso. Y es a su vez, es aprender de dicho proceso, tomando las propias cenizas en la mano para avivarlas y encender con ellas un fuego, una luz que pueda guiarnos hacia la salida.

Recuerda, cuando el ave Fénix abre sus alas tras regenerarse de nuevo, es una criatura mucho más fuerte. Porque al renacer uno se lleva consigo infinitos aprendizajes y entonces, se siente más libre que nunca para mostrarse al mundo. Para volar donde desee y le plazca.

Bibliografía

  • Davydov, DM, Stewart, R., Ritchie, K., y Chaudieu, I. (2010, julio). Resiliencia y salud mental. Revisión de la psicología clínica . https://doi.org/10.1016/j.cpr.2010.03.003
  •  Csikszentmihalyi, M. (1997). Fluir (flow): una psicología de la felicidad. Barcelona: Kairós. ISBN: 9788472453722
  •  Luciano, C. y Valdivia, S. (2006). La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). Fundamentos, características y evidencia. Papeles del Psicólogo, 27(2), 79-91

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